"En esperanza fuimos salvados, dice san Pablo a los Romanos, y también a nosotros. Según la fe cristiana, la salvación se nos ofrece en el sentido de que se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: aunque éste sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si conduce hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino. "Esperanza " es una palabra central de la fe bíblica, hasta el punto de que en muchos pasajes bíblicos las palabras "fe" y "esperanza" parecen intercambiables. Pablo recuerda a los Efesios cómo antes de su encuentro con Cristo no tenían en el mundo "ni esperanza ni Dios" (Ef 2,12). En el mismo sentido les dice a los Tesalonicenses: "No se aflijan como los hombres sin esperanza" (1 Ts 4,13). Aparece también como elemento distintivo de los cristianos el hecho de que ellos tienen un futuro: no es que conozcan los pormenores de lo que les espera, pero saben que su vida, en conjunto, no acaba en el vacío. Sólo cuando el futuro es cierto como realidad positiva, se hace llevadero también el presente. De este modo, podemos decir ahora: el cristianismo no era solamente una "buena noticia", una comunicación de contenidos desconocidos hasta aquel momento. El mensaje cristiano no era sólo "informativo", sino que el Evangelio es una comunicación que comporta hechos y cambia la vida. La puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par. Quien tiene esperanza vive de otra manera; se le ha dado una vida nueva."
El texto está sacado de la última encíclica de Papa. Que bueno poder reflexionar en este comienzo de año sobre la Esperanza, éste regalo tan lindo de nuestro Dios.
El sábado 2 de febrero celebramos la Fiesta de la Candelaria. En esta Fiesta recordamos la presentación del Señor Jesús en el Templo, junto a la Purificación de la Virgen María. Recordamos a Jesús como la luz que alumbra a las naciones, por eso en la Eucaristía (y sólo en ella) se bendicen los cirios (velas) que nos recuerdan a Jesús como la verdadera luz de nuestras vidas, tal como dice el anciano Simeón en el texto de San Lucas: "Ahora, Señor según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, (...) luz para alumbrar a las naciones..." Lc. 2, 29
La Misa será en el Templo parroquial a las 21 hs. (Habrá venta de velas benditas)
El domingo 3 de febrero se celebra la fiesta de San Blas.
A este Santo lo reconocemos como el protector de las enfermedades,
especialmente de las enfermedades de la garganta. Por este motivo
ese día, a quienes lo deseen, se les bendice la garganta.
Las Misas serán:
Goretti: 9 hs.
Templo parroquial: 10,15 hs y a las 21 hs.
El 21 de enero celebraremos el cumpleaños de nuestro Vicario parroquial Carlos Stadler y el 29 de enero el del Padre Mauricio. Rezamos por las intenciones de ambos.
Mientras en Oriente la Epifanía es la fiesta de la Encarnación, en Occidente se celebra con esta fiesta la revelación de Jesús al mundo pagano, la verdadera Epifanía. La celebración gira en torno a la adoración a la que fue sujeto el Niño Jesús por parte de unos Magos venidos de Oriente (Mt 2 1-12) como símbolo del reconocimiento del mundo pagano de que Cristo es el salvador de toda la humanidad. De acuerdo a la tradición de la Iglesia del siglo I, se relaciona a estos magos como hombres poderosos y sabios, posiblemente reyes de naciones al oriente del Mediterráneo, hombres que por su cultura y espiritualidad cultivaban su conocimiento del hombre y de la naturaleza esforzándose especialmente por mantener un contacto con Dios. Del pasaje bíblico sabemos que son magos, que vinieron de Oriente y que como regalo trajeron incienso, oro y mirra; de la tradición de los primeros siglos se nos dice que fueron tres reyes sabios: Melchor, Gaspar y Baltasar.
El hacer regalos a los niños el día 6 de enero corresponde a la conmemoración de la generosidad que estos magos tuvieron al adorar al Niño Jesús y hacerle regalos tomando en cuenta que "lo que hicieren con uno de estos pequeños, a mi me lo hacen" (Mt. 25, 40); a los niños haciéndoles vivir hermosa y delicadamente la fantasía del acontecimiento y a los mayores como muestra de amor y fe a Cristo recién nacido.
Preparando los 50 años de nuestra Parroquia se llevó a cabo, tal como estaba previsto, el concurso de Logos alusivos al acontecimiento. Participaron unos 120 alumnos de nuestros Institutos educativos con cerca de 60 trabajos. A todos muchas gracias y felicitamos a los ganadores: 1er premio, Cristian Ronconi, Federico Martinez y Santiago Moscatelli de 3er año María Auxiliadora; 2do premio, Esteban Schab 8vo año Goretti y 3er premio: Valeria Brossard, Virginia Dropsi y M. Florencia Pecina de 5to año Goretti.
Como todos los comienzos de año el Papa nos deja un mensaje para celebrar la jornada mundial de oración por la paz. Este relaciona a la comunidad humana como la generadora de la Paz. Transcribiremos algunos párrafos del mensaje de Benedicto XVI:
"Al comenzar el nuevo año deseo hacer llegar a los hombres y mujeres de todo el mundo mis fervientes deseos de paz, junto con un caluroso mensaje de esperanza. Lo hago proponiendo a la reflexión común el tema que he enunciado al principio de este mensaje, y que considero muy importante: Familia humana, comunidad de paz. De hecho, la primera forma de comunión entre las personas es la que el amor suscita entre un hombre y una mujer decididos a unirse establemente para construir juntos una nueva familia. Pero también los pueblos de la tierra están llamados a establecer entre sí relaciones de solidaridad y colaboración, como corresponde a los miembros de la única familia humana: " Todos los pueblos -dice el Concilio Vaticano II- forman una única comunidad y tienen un mismo origen, puesto que Dios hizo habitar a todo el género humano sobre la entera faz de la tierra (cf. Hch 17,26); también tienen un único fin último, Dios".
La familia necesita una casa a su medida, un ambiente donde vivir sus propias relaciones. Para la familia humana, esta casa es la tierra, el ambiente que Dios Creador nos ha dado para que lo habitemos con creatividad y responsabilidad. Hemos de cuidar el medio ambiente: éste ha sido confiado al hombre para que lo cuide y lo cultive con libertad responsable, teniendo siempre como criterio orientador el bien de todos. Obviamente, el valor del ser humano está por encima de toda la creación. Respetar el medio ambiente no quiere decir que la naturaleza material o animal sea más importante que el hombre. Quiere decir más bien que no se la considera de manera egoísta, a plena disposición de los propios intereses, porque las generaciones futuras tienen también el derecho a obtener beneficio de la creación, ejerciendo en ella la misma libertad responsable que reivindicamos para nosotros. Y tampoco se ha de olvidar a los pobres, excluidos en muchos casos del destino universal de los bienes de la creación. Hoy la humanidad teme por el futuro equilibrio ecológico. Sería bueno que las valoraciones a este respecto se hicieran con prudencia, en diálogo entre expertos y entendidos, sin apremios ideológicos hacia conclusiones apresuradas y, sobre todo, concordando juntos un modelo de desarrollo sostenible, que asegure el bienestar de todos respetando el equilibrio ecológico. Si la tutela del medio ambiente tiene sus costes, éstos han de ser distribuidos con justicia, teniendo en cuenta el desarrollo de los diversos países y la solidaridad con las futuras generaciones. Prudencia no significa eximirse de las propias responsabilidades y posponer las decisiones; significa más bien asumir el compromiso de decidir juntos después de haber ponderado responsablemente la vía a seguir, con el objetivo de fortalecer esa alianza entre ser humano y medio ambiente que ha de ser reflejo del amor creador de Dios, del cual procedemos y hacia el cual caminamos.
A este respecto, es fundamental " sentir " la tierra como " nuestra casa común " y, para ponerla al servicio de todos, adoptar la vía del diálogo en vez de tomar decisiones unilaterales..."
Benedicto XVI.
Para que la Iglesia aumente su esfuerzo por la plena
unidad visible, de modo que manifieste cada vez más
su rostro de comunidad de amor, donde se refleje la
comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo.